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¿Qué no es una interiorista?

Una especie de mito sobre el interiorismo circula desde hace unos años. Un mito que interpreta el diseño de espacios y el trabajo de las interioristas como una especie de actividad superflua. Casi un capricho. Este es un mito con raíces muy concretas, pero tan erróneo como considerar que, además de superfluo, el diseño de interiores es caro e improductivo. Y ahora explicaremos por qué.

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El mito de la interiorista diva

Desde hace algún tiempo, las personas que se han dedicado al diseño y creación de espacios e interiores se han enfrentado a una imagen poco realista de lo que es nuestra profesión. Para qué sirve nuestro trabajo y qué hacemos exactamente.

Esta caricatura hunde sus raíces en estereotipos que nos presentan como personas de muchas ínfulas, difíciles de tratar, inflexibles e incapaces de adaptarse a la realidad. Personas que capturan modas y referencias en lugares lejanos y las incorporan a un espacio para dotarlo de un ambiente retro, industrial, nórdico, oriental o minimalista, sin importar lo que hubiese antes. Sin importar las circunstancias. Esa visión, profundamente equivocada, todavía tiene un epílogo que dice que nuestros servicios son caros y que hacemos que la gente se gaste mucho dinero contratándonos.

Es cierto —y hay que reconocerlo— que durante el auge del desarrollismo y en los tiempos en que el país comenzaba a salir de la miseria, estaba de moda encargar la decoración de la casa u oficina a un diseñador de interiores. Había en ese comportamiento una búsqueda de exclusividad que a menudo terminaba en excentricidades. Se han cometido excesos, sí. Aunque no más que en otras profesiones. Algunas tan cercanos a nosotros como la arquitectura o la construcción. Sin embargo, hoy en día a nadie se le ocurre pensar que contratar a un arquitecto para diseñar una casa sea una tontería. Entonces, ¿por qué se piensa de un interiorista cuando se trata de diseñar un interior?

Las razones son diversas. La reducción del interiorismo a una decoración sencilla es una de ellas. Que haya sido una actividad profesional feminizada y que todavía se la considere en ciertos círculos como la hermana menor de la arquitectura es otra. Sin embargo, nuevamente nos enfrentamos a los prejuicios, que se construyen desde el desconocimiento de lo que significa hoy ejercer esta profesión.

El mito del buen gusto

Otro mito que funciona fantásticamente bien es el que reduce nuestra profesión a una cuestión de gustos. ¿Cuántas veces hemos conocido a personas que nos dicen “me encantaría tener tu gusto para crear espacios bonitos”?

Este mito descansa sobre lo anterior e implica una consideración del interiorismo como una actividad puramente subjetiva y consumista, donde tiramos cosas viejas y ponemos cosas nuevas y bonitas en su lugar. Cosas que hemos visto en revistas, en Instagram o en Pinterest.

Fue sobre esta base que proliferó una industria editorial que nos trae hogares perfectos, en lugares perfectos, con diseños perfectos, pero casi siempre para un cierto tipo de personas, con un nivel adquisitivo muy por encima de la media. Tanto es así que, si nos guiamos por la imagen proyectada de nuestra profesión, al final, no estamos muy seguros de si el resultado tiene que ver con el gusto o con la cartera…

Sin embargo, no se trata de dejar de mirar revistas, blogs especializados y todas las referencias que quieras tener. La cuestión es no confundir esto con el trabajo que hacemos, que incluye lo que allí se muestra, pero también muchos otros aspectos.

¿Qué es una interiorista, en realidad?

Seamos realistas: el diseño de interiores necesita ser pedagógico. Primero, explicar que nuestra profesión no se trata solo de gusto, aunque siempre exista un cierto papel de la intuición. Tenemos que poder demostrar que la base de lo que hacemos es la formación, el estudio exhaustivo de los materiales y sus cualidades. Y también una investigación en profundidad de los problemas de los espacios en los que trabajamos, para desentrañarlos y encontrar soluciones específicas y adaptadas al milímetro.

Las interioristas somos como cualquier otro profesional, que está ahí para ofrecer soluciones a problemas específicos. A veces esos problemas son casas impresionantes al pie del mar. Otras veces son apartamentos minúsculos para una familia que acaba de tener una hija o un hijo y necesita adecuar el espacio que alguna vez fue para dos personas. O también puede ser un antiguo edificio industrial donde tienes que crear un espacio de oficinas. En estos casos, arrojar y poner objetos nuevos y bonitos no funciona. Se necesita más. Es necesario estudiar el espacio, estudiar los flujos de movimiento, las necesidades específicas de cada habitación o de cada lugar de trabajo, la iluminación y sus características, las corrientes de aire y ventilación, etc.

El gusto ayuda, por supuesto. Pero lo que realmente se necesita es un profesional con formación y capacidad para concebir un espacio en el que quieras estar, para vivir o para trabajar, conjugando todos estos requisitos.

Antes de contratar a una interiorista

Llevo casi veinte años en el mundo del interiorismo y la creación de espacios y estoy firmemente convencida de lo que acabo de exponer. Pero tampoco se trata de hacer un artículo corporativista. Profesionales del interiorismo hay, como en todos los demás sectores, mejores y peores.

Además, si bien los precios de los servicios de interiorismo poco tienen que ver con las estratosféricas cifras que la mayoría de la gente imagina, es cierto que se trata de una inversión que no se realiza todos los días. No es como tomarse un café o comprarse un libro. Y por eso es normal que nos asalten las preguntas. ¿Entenderá esa profesional lo que realmente queremos hacer en casa o en el negocio? Si voy a invertir el dinero en un proyecto, que por lo general muchos estudios de muebles no me cobran, ¿qué me va a convencer realmente para decidirme por alguien de este gremio?

Éstas son preguntas normales. Y por eso son tan comunes. Por eso es importante hablar sobre el proyecto antes de comenzar y conocer a la persona con la que nosotros, como clientes, vamos a trabajar. O lo que es lo mismo: no te quedes con el primer estudio que veas. Investiga y comprueba cómo funcionan los diferentes profesionales, no solo el precio. Por ejemplo, para un negocio, si no considera el producto o servicio para apuntar a tu público objetivo, si no investiga lo que hace tu competencia, o si no realiza un diseño neutral y flexible que permita adaptaciones al ritmo que evoluciona el su negocio, lo mejor es seguir buscando.

En otras palabras: visita su sitio web y sus perfiles en las redes sociales para saber qué hace. No solo para ver fotos de espacios bonitos, sino para ver si hablan de este tipo de cosas. Para saber cuál es su concepto de diseño. Para comprobar cuál es su filosofía de trabajo. Por supuesto, tienes que echar un vistazo a lo que hace esa interiorista, pero recuerda que en tu caso, para tu hogar o para tu negocio, el diseño debe ser personalizado y específico.

Cuando conocemos a alguien y pensamos de manera similar o somos compatibles, las relaciones humanas son mejores y más fructíferas. ¿Por qué no iba a ser lo mismo aquí?

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